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La protección del esmalte dental

El esmalte dental es, a pesar de su apariencia frágil, uno de los elementos más duros del cuerpo humano junto a los huesos. Pero esta película protectora requiere una serie de cuidados para que continúe llevando a cabo su labor y evitar el prematuro desgaste de nuestros dientes por la acción diaria de masticar y morder y también por los líquidos que ingerimos con sustancias agresivas.

El esmalte está compuesto por hiroxiapatita (sustancia inorgánica), en un 95%, también un 4% de agua y 1% de matriz orgánica. No tiene color a pesar de la apariencia blanca, es translúcido. El color que perciben nuestros ojos se debe a la dentina, una sustancia que se encuentra en la parte interior del diente. Por tanto el buen estado de del esmalte es esencial para una buena digestión, ya que interviene en el proceso más importante que es el de triturar los alimentos de manera óptima para que el estómago continúe con su trabajo.

Los enemigos principales del esmalte son los alimentos azucarados y los líquidos ácidos y carbonatados. Cuando el esmalte va perdiendo sus propiedades, el azúcar estimula los nervios del diente y se vuelven más sensibles, provocando dolores intensos al paciente. Otros factores que inciden en el deterioro del esmalte son la ingesta de medicamentos o vitaminas con altos niveles de ácido, la sequedad oral, el bruxismo y enfermedades como el alcoholismo y el bruxismo.

Los malos hábitos a la hora de la higiene bucodental son un elemento determinante para el mal estado del esmalte. A menudo, un cepillado demasiado enérgico e irregular de nuestros dientes puede ser nefasto para el esmalte. Es imprescindible usar cepillos con cerdas que sean implacables con la placa bacteriana pero a la vez muy respetuosas con el esmalte y usar pasta dentífrica y enjuague bucal que contenga flúor, ya que se ha demostrado que es muy eficaz para fortalecer el esmalte contra las sustancias ácidas y el crecimiento de la placa. Así mismo, el uso de hilo dental favorece la eliminación de restos de alimentos entre los dientes y por tanto la proliferación de bacterias.

Podemos detectar los síntomas de la erosión del esmalte observando manchas amarillas o dientes redondeados en la superficie, o demasiado finos. En una fase posterior podemos ver aristas o grietas, dientes demasiado brillantes o con una elevada sensibilidad provocada por pequeñas fisuras que dejan a la dentina demasiado vulnerable.

Debemos tener en cuenta siempre la fortaleza del esmalte, pero al mismo tiempo su fragilidad si no tomamos las medidas de protección adecuadas. Por tanto hay que mantenerse alerta con nuestros hábitos de higiene y no descuidarlos.

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Doctores Ruiz de Gopegui

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