Luxación Mandibular: ¿qué Es?
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Luxación mandibular: ¿qué es?

La luxación mandibular ocurre cuando el cóndilo mandibular se desplaza más allá de la eminencia articular y la cabeza condilar se encuentra totalmente fuera de la cavidad glenoidea.

Esta patología puede aparecer de forma secundaria, como consecuencia de un trauma, o de manera espontánea sin razón aparente. Los tratamientos se basan en guiar la cabeza del cóndilo hacia atrás y hacia abajo durante toda la eminencia articular del hueso temporal, de vuelta a la fosa glenoidea.

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¿Por qué se genera una luxación mandibular?

Esta malposición mandibular surge cuando el cóndilo mandibular se sale de su posición habitual y se posiciona delante de la eminencia articular, dejando la mandíbula totalmente fija y bloqueada en esa posición de apertura.

Sin embargo, existen factores que contribuyen al desarrollo de esta patología, como:

–       Alteraciones anatómicas

Las alteraciones anatómicas suelen darse por la falta de desarrollo del cóndilo o el aplanamiento o estrechamiento de la fosa articular, así como a causa de una serie de síndromes, como hiperlaxitud ligamentosa, síndrome de Ehlers-Danlos o Marfan.

–       Factores dispuestos

En estos casos, la dislocación mandibular se desarrolla por:

  • Una apertura voluntaria y amplia.
  • Espasmo muscular.
  • Apertura bucal forzada o extrema.
  • Un golpe en el mentón con la boca abierta.
  • Reírse fuertemente.
  • Extracción de las muelas del juicio.
  • Mala manipulación en un procedimiento bajo anestesia general, debido a la intubación.
  • Tras un traumatismo en estado leve o crítico.

Sea cual sea la causa, la boca quedará totalmente inmovilizada por la tensión de los ligamentos y no se podrá cerrar adecuadamente, porque el cóndilo ya se habrá colocado delante del tubérculo articular.

Síntomas luxación mandibular

A continuación, destacamos algunas señales para identificar la luxación mandibular:

  • Dolores faciales o mandibulares que se intensifican con el desplazamiento y que se localizan por delante del oído o en la zona afectada.
  • Mordida fuera de su lugar o torcida.
  • Dificultad para hablar correctamente.
  • Limitación al cerrar la boca de manera correcta.
  • Babeo constante como consecuencia de no poder cerrar la boca.
  • Posición de la mandíbula hacia adelante.
  • Mal alineamiento dental.
  • Bloqueo en apertura mandibular.
  • Trastorno de audición por una mala reabsorción de la linfa en la articulación.

¿Cómo diagnosticar la luxación mandibular?

Para diagnosticar la luxación mandibular, el odontólogo estudiará los movimientos mandibulares y articulares, observará la mordida y medirá el rango de movilidad de abertura bucodental y la desviación lateral, además de realizar un palpado de la musculatura tanto superficial como profunda mandibular, supra e infrahioidea.

Una vez obtenida la información necesaria y determinado el tipo de disfunción, podrá tratarlo a través de:

  • Técnicas de movilización articular a través de fisioterapia mandibular.
  • Técnicas miofasciales de liberación del músculo.
  • Técnicas de corrección con energía muscular para subluxaciones.
  • Técnica de relajación postisométrica de la musculatura oclusora.
  • Técnicas de elongación del músculo.
  • Relajación miofascial de los músculos supra e infrahioideos, retrohioideos y prevertebral.
  • Flexibilidad por cadenas musculares.
  • Ergonomía postural.

El diagnóstico es clínico y se requerirá un estudio imagenológico e intensivo de la cavidad bucodental, donde se usarán radiografías convencionales, tridimensionales y tomografías computarizadas para aportar más información sobre la posición del cóndilo.

¿Cómo se clasifica la luxación mandibular?

La desviación mandibular se clasifica en función de su grado de complejidad:

–       Dislocación aguda

La complejidad en estos casos suele ser aguda, pero, de igual modo, presentará episodios bastante dolorosos e intensos, solo que será de fácil manejo.

El procedimiento para resolver esta afección se basa principalmente en mantener y conservar la mandíbula; además, incluye el control del dolor con analgésicos y la reducción manual.

–       Dislocación crónica

Esta dislocación en estado crónico surge cuando la luxación es de larga evolución o recurrente. Su método de solución se basará, en primer lugar, en tratamientos conservadores; si estos no dan buenos resultados, se optará por procedimientos quirúrgicos.

¿Cómo se trata la luxación mandibular?

A continuación, destacamos diferentes tratamientos para la luxación mandibular:

–       Reducción manual

Se realiza ejerciendo cierta presión en la mandíbula y llevando a cabo los siguientes movimientos: hacia abajo, hacia atrás y hacia arriba. Además, los dedos pulgares deberán presionar la cara oclusal superior de los molares inferiores. Simultáneamente, la barbilla deberá elevarse y la mandíbula se presionará hacia atrás.

Es importante destacar que cuanto más tiempo pase desde que se produce la distensión mandibular, más contracturada se encontrará la musculatura, siendo necesario en ocasiones el uso de sedación.

Por otro lado, cuando se llevan a cabo estos tratamientos usando la técnica habitual, se corre el riesgo de sufrir mordeduras accidentales en los dedos y, con ello, la transmisión de patologías.

–       Reducción convencional

Consiste en poner los pulgares sobre los molares inferiores del paciente y empujar la mandíbula dislocada hacia abajo y hacia atrás. En este caso, el paciente deberá estar sentado y en posición recta y el odontólogo se situará frente al paciente.

–       Terapia conservadora

Se hace usando agentes escleróticos o implementando un plasma rico en plaquetas, que se obtiene de la misma sangre. Esta técnica se basa en restringir la movilidad de la mandíbula mediante la inducción de fibrosis en el espacio superior de la articulación o en la cápsula periarticular.

–       Uso de toxina botulínica

Se aplica en el músculo pterigoideo lateral interno, con el objetivo de prevenir la dislocación. Al mismo tiempo, se puede hacer una infiltración intrarticular gracias a los efectos analgésicos que posee; al no presentar resultados permanentes, será necesario realizar infiltraciones periódicas.

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