Artículo publicado por Clínica Ruiz de Gopegui. Revisado clínicamente por el Dr. Manuel Ruiz de Gopegui, especialista en Periodoncia e Implantes Dentales, graduado en 2006 y Máster en Implantología Oral en 2008. Nº de colegiado: 28008244. Última revisión: mayo de 2026.

Cuando un paciente lleva años sin dientes en una zona, o ha sufrido una enfermedad periodontal severa sin tratar, el hueso disponible puede haberse reducido significativamente. La atrofia maxilar no es un diagnóstico que cierre puertas: es un punto de partida que requiere un plan de tratamiento más elaborado.

Qué es la atrofia maxilar y cómo se produce

El hueso alveolar existe, en gran medida, porque los dientes lo estimulan. Cuando un diente se pierde, el proceso alveolar que lo sostenía deja de recibir carga mecánica y comienza a reabsorberse. Este proceso es más rápido en los primeros meses tras la extracción, pero continúa de forma más lenta durante años.

En el maxilar superior, la situación se complica adicionalmente por la proximidad del seno maxilar. Cuando los dientes posteriores superiores se pierden, el seno puede neumatizarse —expandirse hacia abajo—, reduciendo aún más la altura ósea disponible para los implantes.

En el maxilar inferior, la atrofia severa puede hacer que la distancia entre la cresta ósea y el nervio dentario inferior sea insuficiente para colocar implantes de longitud estándar.

Diagnóstico: por qué el CBCT es imprescindible

Una radiografía panorámica convencional no es suficiente para planificar un caso de atrofia maxilar. Ofrece una imagen bidimensional que no refleja el volumen real del hueso en los tres planos del espacio.

La tomografía de haz cónico —CBCT— permite medir con precisión la altura, el ancho y la densidad ósea en cada zona. Es el punto de partida obligatorio para decidir si se puede colocar un implante directamente, si es necesaria una regeneración ósea previa, o si hay que contemplar una elevación de seno maxilar.

En Clínica Ruiz de Gopegui, dentista en Madrid, toda planificación implantológica parte del estudio tridimensional. Sin él, no se puede tomar ninguna decisión clínica seria sobre la viabilidad de los implantes.

Opciones de tratamiento según el grado de atrofia

La atrofia maxilar no tiene un único abordaje. El tratamiento depende de dónde está la pérdida ósea, de su magnitud y del estado general del paciente.

Cuando la pérdida es moderada, la regeneración ósea simultánea a la colocación del implante es habitualmente suficiente. En defectos más severos, puede ser necesaria una fase previa de reconstrucción del volumen óseo antes de proceder a la cirugía implantológica.

Cuando el déficit está en la zona posterior del maxilar superior por neumatización del seno, la elevación de seno maxilar —técnica que crea espacio entre el suelo del seno y la membrana de Schneider para alojar biomaterial— es el procedimiento estándar.

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Rehabilitación completa en el maxilar atrófico con cirugía guiada

Uno de los avances más significativos en el tratamiento del maxilar atrófico es la integración de la cirugía guiada de implantes.

La planificación se realiza completamente en software tridimensional antes de la intervención: se diseña la posición de cada implante en función del hueso disponible, se fabrican las guías quirúrgicas con precisión milimétrica y la cirugía sigue ese plan con una predictibilidad que no es posible con técnicas convencionales.

En la clínica realizamos varias rehabilitaciones completas al mes con este protocolo. La planificación digital, la cirugía guiada y el flujo CAD/CAM integrado nos permiten, en muchos casos, resolver casos complejos en una sola jornada quirúrgica: extracción, implantes, regeneración si es necesaria y prótesis provisional en el mismo día.

El papel del injerto de encía en la rehabilitación del maxilar atrófico

La atrofia maxilar no es solo pérdida de hueso. Frecuentemente va acompañada de una reducción del tejido queratinizado —la encía que rodea y protege el implante—. Sin una banda adecuada de encía queratinizada alrededor del implante, el riesgo de periimplantitis a largo plazo aumenta.

Por eso, en casos de atrofia severa, la planificación no se limita al hueso: también se evalúa la cantidad y calidad de tejido blando disponible y, cuando es necesario, se realiza un injerto de encía como parte del plan de tratamiento global.

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